Educación Emocional

Polvo bajo la cama

A veces, en tu camino se cruzan personas que te tocan por dentro. Personas que te remueven las entrañas y te hacen replantearte tu realidad. Personas que hacen que te descubras dándole valor a un grano de arena. Personas que llegan con una bocanada de aire fresco que se lo lleva todo lejos. Y ahí te das cuenta de que ese grano, “no pesaba tanto”.

Los miedos nos acompañan y persiguen durante toda nuestra vida. Son como esa bolita de polvo indeseable que por mucho que limpiemos acaba apareciendo bajo nuestra cama. Bolita que se compone de motas de polvo que pululaban a la deriva bajo nuestros pies, pero que se aúnan, se atrapan y se “van haciendo más y más grandes”, aunque finalmente sean eso, polvo.bed-3013209_960_720

Bolitas de polvo que se construyen por nuestra procrastinación, por nuestra dejadez, por nuestra vagancia… Ácaros que viven bajo la sombra de tu colchón y tu almohada.

Todos tenemos miedos. Todos tenemos polvo bajo la cama.

Y al final, lo interesante no es lo que nos pasa en la vida, no son esas motas de polvo que aparecen y desaparecen. Lo interesante, es lo que conseguimos aprender con esas cosas que nos suceden.

Sentada en mi aula frente a un montón de mesas vacías y sillas descolocadas, solo acierto escuchar el sonido del ventilador de un ordenador y el ruido de algún coche que circula al otro lado de las ventanas de la sala.

Sillas que ocupan personas, cada una con su historia. Cada una con su “caja”. Cada una con sus miedos e inseguridades. Pero cada una con una luz que le hace brillar de una forma diferente.

Todos tenemos miedo. Todos tenemos polvo bajo la cama.

Pero todos tenemos también la capacidad de seguir caminando. De recomponernos ante los fracasos. De reírnos de nosotros mismos. De admitirnos como somos. De romper mitos y tabúes. De descubrirnos llorando de emoción. De admitir hobbies y vicios. De reconocer debilidades. Todos tenemos la capacidad de salir adelante, por muchas piedras que encontremos en nuestro camino.

Todos tenemos la capacidad de pisar firme las baldosas amarillas que marcan los pasos de nuestro camino. Sólo debemos conseguir encontrar el equilibrio entre lo que nos marca el corazón, la vida y el objetivo que en ella nos pongamos como meta.

¿A caso conoces a alguien que no tenga miedo? Quizás en algún momento has creído cruzarte con alguien “sin miedos” pero créeme, todos tenemos “polvo bajo la cama”.

La diferencia está en la actitud, en cómo nos enfrentamos a ello.

Fuente imagen:Pixabay

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