Educación Emocional, Tecnología

Estampida en las Redes

Quizás a partir de hoy te lo pienses dos veces antes de “hacer clic”.

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Diariamente nos encontramos en los perfiles de redes sociales actualizaciones donde se recogen los ingredientes que le hemos puesto al bol del desayuno, las Kcal consumidas en el gym, la foto de la helada que ha caído esta noche…. ¿Por qué tenemos la necesidad de compartir todo lo que estamos haciendo?

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No sólo experimentamos nuestras emociones,  sino que también las mostramos. Y las redes sociales son otra vía para hacerlo.

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Hace unos día publicaba un artículo en La Nueva Ruta del Empleo, al que titulé como Virus Emocional, donde hablaba sobre cómo las emociones se contagian, pero la vía de contacto no está solo el tú a tú, sino que también podemos influir en los demás con nuestras publicaciones en nuestros perfiles en redes sociales.

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Realmente cada persona tiene sus propias necesidades de contar lo que le ocurre, o lo hace con una determinada intención que puede estar explícita o implícita en su comentario, pero ¿somos realmente conscientes de lo que nuestros comentarios pueden “influir” en nuestra comunidad, en nuestro entorno?

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Está claro que las emociones condicionan cada día nuestro estado de ánimo, y que eso hará que nos comuniquemos y actuemos de uno u otro modo, hasta el punto de que una imagen que visualicemos en un perfil de Facebook, un comentario de una entrada de un blog, unas palabras sobre una foto en Instagram… puede generar unas u otras emociones en la persona que lo recibe.

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Experimentamos, mostramos y otros pueden interpretar y además copiar nuestras emociones.

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¿A caso no has enviado las pasadas navidades cientos de Memes, chistes, fotos… que previamente has recibido y te “han hecho gracia”? ¿Nunca has caído en seguir las cadenas que recibes por mensaje privado en tu Facebook? ¿Quizás nunca has compartido algún artículo que hayas visto en el perfil de alguno de tus contactos?

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Existe un estudio de la Universidad de California en San Diego (USA), en el que con la ayuda de un software analizaron el contenido emocional de las actualizaciones en Facebook en un periodo de aproximadamente 4 años, para que posteriormente los investigadores analizasen cómo se modificaban las actualizaciones publicadas.

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De esta investigación se ha concluido que el optimismo y la felicidad se pueden contagiar por las redes sociales. De modo que si yo comparto publicaciones que generan emociones positivas, provocaré que mi red de contactos realice actualizaciones con un carácter más optimista.

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En el estudio de Lorenzo Coviello y James H. Fowler, recoge que la situación climatológica influye también en el tipo de publicaciones, de modo que en días lluviosos, fríos… el número de publicaciones positivas disminuye en un 1.19%, mientras que aumentan 1.16% las publicaciones negativas. Y que estas últimas influyen en el estado de otros amigos, incluso aunque estos estén en otros lugares donde no llueva, hasta el grado de que por cada persona afectada directamente, un día lluvioso altera el estado emocional de uno de cada dos de sus amigos.

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Dicho esto, he de reconocer que esta mañana he recibido varios mensajes tipo a:

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    “Qué pereza salir de casa con este frío, ¡5 grados bajo cero! Se me han congelado las ideas, así no hay quien trabaje!!”

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    “El grajo va caminado, repito, el grajo va caminando. ¡Corto!

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Y me han entrado ganas de ponerme a ¡teclear con guantes!

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Esto viene a ser como una estampida emocional en la red. De repente recibes un mensaje o ves una actualización, se produce un “clic” que hace que sientas la necesidad de compartirlo y ves como tus contactos hacen lo mismo… y todo esto casi casi en tiempo real. Como los caballos de las pelis cuando comienzan a galopar a toda velocidad, sin pararse a pensar hacia donde se dirigen, y arrastrando a su grupo corredor a todos los que se encuentran en su camino.

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La cuestión es que esto nos ocurre tanto con las cosas positivas como con las menos positivas, aunque si bien es cierto (y así lo recoge el estudio mencionado) parece que tiene más impacto los mensajes positivos que los negativos. Cada publicación positiva disminuye el número de mensajes negativos en un 1.80%, mientras que cada mensaje negativo disminuye los mensajes positivos en 1.26%.

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Toda esta información me lleva a pensar sobre la relación que pueda existir entre lo que publicamos en nuestras redes sociales, lo que la gente comenta y cómo eso puede llegar a afectarnos de nuevo a nosotros. Ya que si publicamos una actualización pesimista, y esta recibe comentarios de carácter pesimista… eso seguirá generando aún más ese halo de pesimismo. Por lo que es una buena justificación para evitar poner determinados comentarios, ¿no?

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En una entrevista de Eduard Punset a James Fowler este afirma: “En facebook, no sólo estás conectado con tus amigos más cercanos sino con los amigos de tus amigos y la gente está empezando a darse cuenta de que lo que hace da sus frutos en toda la red social humana”.

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Pues ¿por qué no intentamos poner “parches de felicidad” en las redes? ¿Por qué no pensamos con más calma lo que compartimos y publicamos?

\r\nEs fácil, para evitar contagiar emociones negativas en tus redes, te sugiero que reflexiones sobre:\r\n

– Trabajar tu inteligencia emocional, conócete, identifica tus propias emociones

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– Párate, piensa si merece la pena y qué tipo de respuestas crees que vas a obtener con el comentario que vas a publicar. Si la respuesta es negativa, ¡no lo publiques!

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– Prepárate para afrontar lo que venga, a veces el resultado que obtenemos no es el esperado, no podemos tenerlo todo controlado, pero debes mantener la calma.

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– Tú decides qué imagen personal quieres proyectar, un clic puede marcar la diferencia.

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Escribe, comparte, navega, comenta… ¡¡pero con alegría!!

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Fuente imagen pixabay

1 Comentarios

  • Totalmente de acuerdo con lo de los “parches de felicidad” algo que hacía por mi carácter y mi forma de entender las redes, pero ahora me encanta saber que puede provocar a los y las demás :)\r\n\r\nPD: El grajo no va volando bajo, va haciendo la croqueta

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